La migración: los que se quedan

Con el pensamiento fijo en su destino, pero con un corazón casi en pedazos por el recuerdo de haber dejado a los suyos atras!.

Marvin Aguilar

Lucha Villa, la grandota de Chihuahua casada a mediados de los 70`s con el salvadoreño Justiniano Rengifo y con el que procreó una hija, en su canción «Los Dos Amantes» nos dirá: ¿Cuál de los dos amantes sufre más penas? ¿El que se va o el que se queda? El amor es una emoción fundamental para decidir estar y quedarse con alguien. El amor se traduce en el sentido de pertenencia de uno para otro. Pero cuando uno de ellos emigra rompe el vínculo que la mayoría de veces en la distancia se diluirá porque la formación de una nueva familia en su lugar de destino parece inevitable. Mucho se habla de los beneficios no solo para el país (El Salvador está entre los 10 países del mundo que mayor aporte a su PIB hacen las remesas) en materia económica sino además en la mejora socio-económica de los familiares que se quedan. 353,000 hogares salvadoreños reciben dinero desde el exterior.

 

Lucha Villa en sus dias cuando estaba casada con el Salvadoreño, don Justiniano Rengifo. (Los Dos Amantes: https://youtu.be/4OC1OFVwP5g)

La reunificación es una esperanza que se transforma en la paradoja de Penélope que espera por 30 años a Ulises. La partida genera una serie de sentimientos de culpa de quien se va pero igualmente desarrolla estragos afectivos emocionales en quienes se quedan: «estrés y duelo migratorio» (Bonilla Águila/Cideos Núñez/ Quintanilla Menjivar). Las formas de enfrentarlo serán diversas. Cada quien hace lo que puede con su vida cuando uno del núcleo familiar se marcha. Una relación de pareja está basada en apoyo económico y relaciones afectivo-sexuales y, si bien, lo primero suele estar cubierto por las remesas lo segundo, la pertenencia, la cooperación en el hogar para con hijos y lo que es la vida en familia se trunca de repente. Y si bien esto obliga a replantearse los acuerdos originales en torno a sostener a distancia la relación las privaciones comunicacionales y sexuales que sufrirá la pareja ocasionará el rompimiento a largo plazo. La presencia de la pareja se vuelve psicológica no física y esto llevará a que si bien se puede mantener comunicación telefónica por redes sociales quienes están afuera solo pueden acompañar, apoyar, querer y satisfacer sus necesidades y desde lejos intervenir en los conflictos que se vayan suscitando. Las cifras de hombre migrantes que están a cargo de hogares en El Salvador son mayores de allí que quien sufrirá más efectos negativos por la migración salvadoreña serán mujeres.

La resiliencia es algo que no todos poseemos y en una sociedad tan violenta como la nuestra menos se enseña a desarrollarla. Así los efectos más frecuentes en las mujeres que se quedan son: depresión, ansiedad, baja autoestima, abandono e incertidumbre ya que la distancia puede ser total y para siempre. Esta condición de remesera la lleva a desarrollar una somatización de dolores y malestares sin origen físico sino causado por su estado emocional. La mujer queda relegada a las actividades domesticas y terminará dependiendo del dinero que la convertirá en mera administradora del hogar a distancia del hombre. Igualmente la mujer que tiene a su pareja en el exterior cambia frente a la comunidad ya que se vuelve en la garante del honor del hombre migrante. Así mientras no es sorpresa y menos condenable que un hombre construya otra relación y otra familia en su condición de migrante a la mujer que se queda eso le está vedado.

Corolario:

Círculo vicioso en el que estamos inmersos. La separación familiar por motivos económicos, por el sistema económico predominante en El Salvador es el principal culpable de la destrucción de la familia y por ser altamente rentable para los grupos de interés no interesa cambiarlo o menos educar sexualmente a los salvadoreños para que dejen de suceder embarazos en niñas-mujeres jóvenes que las condenan a renunciar a una vida con expectativas de desarrollo personal. Las cifras de 182,000 salvadoreños al año (antes del COVID19) que migraban lo demuestran. Después de todo, no es mala la idea de irse ante la falta de un trabajo decente en nuestro país, siempre es para vivir mejor y lograr allá lo que aquí no se podrá nunca, aunque eso signifique volvernos un país con más violencia familiar y social cada año.

 

 

 

 

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *